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LA VIDA FUTURA
Hay un libro famoso titulado
«Vida después de la vida» del Dr. Raymond Moody, escrito en 1975, en el
que nos habla de muchos casos de personas dadas clínicamente por muertas,
durante algunos minutos, y que después contaban su experiencia fuera del
cuerpo. Son experiencias de miles de personas en el mundo entero, que nos
hablan de pasar por un túnel oscuro y encontrarse después con un ser de luz
maravilloso, que identifican con Dios y que les pide cuentas de su vida.
Muchos ven su vida, como en una película, con todos sus detalles y las
consecuencias de sus acciones sobre los demás. Sienten una paz inmensa y no
quieren volver, pero sienten que deben hacerlo, porque «todavía no es su
hora y deben terminar su misión». Al volver a la vida, ya no tienen miedo
a la muerte y todos tratan de mejorar su vida.
Según algunas encuestas, hechas en
Holanda, de las personas que han sido dadas clínicamente por muertas durante
algunos minutos, un 18%, aproximadamente, han tenido esta experiencia en los
confines de la muerte. Y son muchos los autores, casi todos médicos, que han
confirmado en sus libros la veracidad de estas experiencias a través del
relato de sus pacientes. Entre ellos están Karl Osis, Erlendur Haraldsson,
Elizabeth Kúbler-Ross, Craig Dundhal, Russel Noyes, Stanislas Grof Phyllis
Atwater; Margot Grey, Devawrin, Bruce Greyson, John Audette, Arvin Gibson,
Evelyn Mercien..
La mayor parte son experiencias
maravillosas con el ser de luz, que los envuelve con su amor. En mi libro
«Siempre triunfa el amor» he hablado de la experiencia de mi amigo Rafael
Alta, ocurrida el 20 de enero de 1996. Él dice así: «Me sentí muy mal y
perdí el conocimiento por quince minutos. Comencé a desplazarme veloz por un
túnel negro y oscuro. Al fondo del túnel, vi una luz. Una luz inmensa,
majestuosa, muy fuerte, cuyos rayos caían sobre mí La luz resplandeciente me
cegaba y sus rayos parecían llegar a lo más profundo de mi ser cuando me
acerqué más a la luz, la luz me recibió, me abrazó y sentí un amor infinito,
una paz infinita, una felicidad infinita. ¡Cuánta ternura! ¡Nunca me imaginé
que podría existir tanta felicidad! En ese mismo instante, pensé, por
fracciones de segundo, en mi vida terrestre y no quería volver quería seguir
ahí para siempre.
Luego sentí que me decía:
Regresa, tu misión no ha terminado y regresé y desperté. A partir de ese
día, mi punto de vista de la vida ha cambiado. Siento gran necesidad de amar a
Dios y al prójimo. Sé que Jesús está vivo y nos espera y nos ama con una
intensidad infinita. Ya no tengo miedo a la muerte. Ahora la meta de mi vida
es ser mejor de lo que he sido, cuando me encuentre nuevamente con Jesús».
Ahora bien, no todos llegan a tener
la misma experiencia, unos llegan más adelante que otros. Según algunos
encuestadores, el 60% sintió una sensación de paz y felicidad. El 23% entró
en el túnel, pero sólo el 16% vieron la luz y sólo el 10% tuvieron la
experiencia de ser abrazados por la luz, que era amor y felicidad. ¿Por qué
esto? ¿Quizás algunos no estaban preparados para sentir el abrazo de Dios?
El Dr. Raymond Moody en su segundo
libro «Reflexiones sobre la vida después de la vida» nos habla de la
experiencia de ver la propia vida como en una película y la consecuencia de
sus acciones sobre los demás. Uno de sus informantes le decía: «Podría
decirse que toda mi vida pasó por delante de mí. Me sentí avergonzado de un
montón de cosas de las que había tenido una visión distinta de ellas y la luz
me estaba mostrando lo que era incorrecto, lo que había hecho mal. Y era todo
absolutamente real... Era como si me sometiesen a un juicio... Cuando veía
algo, cuando recordaba un hecho del pasado, era como si lo viese a través de
los ojos de ÉL.. Y no sólo me mostró lo que había hecho, sino las
repercusiones de mis actos sobre los demás. Era como si estuviese
contemplando una película, ya que podía sentir realmente todas aquellas
cosas, había sentimiento».
Y comenta el Dr. Moody, al final
del capitulo segundo, sobre aquellos que perpetraron las atrocidades nazis
sin tener ningún sentimiento de compasión para con sus semejantes, matando a
millones de seres humanos en las cámaras de gas de los campos de
concentración: «Si a estos individuos les pasara lo mismo que a mis
pacientes, verían, vívidamente representadas ante ellos, no sólo todas estas
cosas (que hicieron), sino otras muchas más (de las tragedias y sufrimientos
que ocasionaron). Aún en mis más monstruosas fantasías, me siento
totalmente incapaz de imaginarme un infierno más terrible e insoportable que
éste.
El Dr. Maurice Rawlings cuenta lo
que le sucedió a él. Un día fue a su consultorio un hombre de unos 50 años y
allí mismo le dio infarto. El Doctor empezó a darle masajes cardíacos y el
enfermo empezó a reaccionar, pero estaba blanco y aterrorizado y decía:
«Estoy en el infierno». Cuando dejaban de darle los masajes, volvía a su
estado de muerte clínica y, al regresar, repetía: «Estoy en el infierno,
Doctor; no me deje, no me deje». A la tercera vez, le dijo: «Doctor; ¿
cómo puedo salir del infierno?» El Doctor, que era incrédulo y que nunca
había pisado una Iglesia, le respondió: «Reza y pide perdón de tus
pecados». Por fin, logró recuperarse totalmente. Pero esta experiencia
del infierno, lo ayudó a cambiar de vida y el Doctor Rawlings comenzó a tomar
en serio la existencia de Dios. Este caso fue para él el punto de partida para
estudiar otros casos,, que publicó en un libro el año 1978.
Otro caso interesante es el de
Marie, una estudiante francesa de 17 años, quien, por una decisión amorosa,
quiso suicidarse y se aplicó éter a la nariz. Al salir del túnel, vio unos
seres llenos de amor, como ángeles, y después estuvo vagando en la oscuridad,
donde encontró otros seres de formas grisáceas, comprendiendo que eran los
suicidas. Entonces, le hicieron entender que el suicidio no era una solución,
que no servía de nada y que sé habían equivocado en algo muy grave. Y dice
ella misma: «Mi vida comenzó a desfilar como en una película y vi a todas
las personas que había conocido y el efecto de mis acciones sobre ellas. Era
terrible, me sentía estúpida... Ahora estoy absolutamente segura de que hay
una vida después de la muerte y, sobre todo, que existe un ser lleno de luz y
de amor; a quien podemos llamar Dios».
El Dr. Moody, en su segundo libro,
hablando de los suicidas, dice: «Todos afirmaron que, después de su
experiencia, no volverían a pensar nunca más en el suicidio. Su actitud común
era que habían cometido un error y se alegraban mucho de haber fracasado en
Su intento. Uno decía: «Cuando muera, será de muerte natural, porque algo
que comprendí claramente en aquellos momentos es que nuestra vida aquí dura
muy poco y que hay muchas cosas que hacer en ella. Y, cuando uno muere, es
para toda la eternidad».
El Dr. George Ritchie en su libro
«Retorno del más allá», escrito en 1978, escribe su caso personal,
ocurrido el 24-12-1943. Después de pasar por el túnel, se encuentra con la luz
maravillosa que reconoce como Cristo. Después, ve su vida como en un film
hasta en los más mínimos detalles. Cristo le pregunta: "¿Qué has hecho de
tu vida? ¿ Estás satisfecho?" Jesús le acompaña para que vea lo que
podemos llamar el cielo, el infierno y el purgatorio.
Ve muchos ángeles y cree que está
en el cielo. El infierno lo describe como un lugar, donde se reúnen las almas,
que, llenas de odio y violencia, se pelean y se ofenden sin descanso; un
lugar, donde no hay ni la mínima huella de amor Y dice: «Esa escena me ha
horrorizado más que todo lo que he podido ver en toda mi vida. Uno se da
cuenta que allí están todos llenos de odio, de hipocresía, de falsedad, de un
amor propio y de una indecencia sexual que les lleva a hacer las acciones más
abominables los unos contra otros. Ritchie regresa a la vida y cambia su
modo de pensar y actuar.
El Dc Raymond Moody en
«Reflexiones sobre la Vida después de la vida» escribe sobre el
Purgatorio. «Varias personas me han informado de haber visto, en algún
momento, otros seres que parecían «atrapados» en una forma de existencia
aparentemente de lo más desdichado... Esos seres estaban como «apagados», era
como si aquellos «espíritus apagados» estuviesen allí sólo hasta resolver el
problema o dificultad que los mantenía en aquel estado de confusión y
perplejidad». Un informante dice: «Su aspecto era triste y deprimido,
parecían ir arrastrando los pies, como en una fila de prisioneros
encadenados. No sé quiénes eran, pero resultaban como desteñidos, apagados,
grises... Todos tenían la expresión más desconsoladora, no había en ellos
ningún color de vida. Estaban totalmente desconcertados... En ese sitio
concreto, reinaba el gris más apagado y tristón... Me resultó tomando una
decisión, miraban hacia atrás, no sabían si seguir adelante o volver atrás.
Era como si estuviesen vacilando todo el tiempo, miraban hacia abajo, nunca
hacia arriba... Parecía haber una enorme cantidad de ellos por todos lados...
Algunos de estos seres intentaban infructuosamente comunicarse con personas
todavía físicamente vivas... Era, más o menos, como si intentasen ponerse en
contacto con ellos y decirles que hicieran las cosas de moda distinto, que
cambiasen, que variasen su forma de vida. Era como decirles: No hagáis lo que
yo, para que no os pase esto. Haced cosas por los demás, para que no estéis
así».
Un caso interesante es el del
sacerdote norteamericano Padre Stephen Schneir, un hombre de dos metros de
alto, que un día de octubre de 1985, a las cuatro de la tarde, va en su
coche por una carretera del Estado de Kansas (USA). Al querer pasar a otro
coche, choca violentamente con el que venía en contra. Se rompe el cuello y
una vértebra cervical y queda dañada una parte del hemisferio derecho del
cerebro. Según los médicos, nunca podría caminar y debería estar paralizado el
resto de su vida, si salía con vida. Pero, después de un año de tratamiento,
se recupero totalmente. Para los médicos es un milagro viviente y, desde el
punto de vista medico, inexplicable.
Él cuenta que salió de su cuerpo y
se sintió en la presencia de Cristo, a cuyo lado estaba la Virgen María.
«Sabía que estaba en aquel momento delante de Él, con plena seguridad, y que
no era posible ninguna discusión. Y Cristo dijo a su Madre: Este hombre es
sacerdote desde hace 12 años y ha sido sacerdote de sí mismo, déjame que
ejerza sobre él mi justicia divina. María le dijo: Hijo mío, dale una segunda
oportunidad y veremos, si en el futuro da buenos frutos; si no, que se haga
tu voluntad. Jesús, entonces, dijo: Madre, té lo confio. El Padre Schneir
dice: «Esta experiencia ha cambiado totalmente mi sacerdocio, me
arrepiento de todos esos años de ministerio, desaprovechados por haberme
interesado poco en las cosas de Dios. Hace siete años que ha pasado
esto y estoy en perfecta salud. Mi misión ahora es contar a todo el mundo mi
historia para convencerle de que hay otra vida y que ésta depende de lo que
estamos haciendo aquí La gente no cree en el diablo ni en el infierno... Sí,
Dios es Amor; pero también es justicia. Yo soy la prueba viviente del poder
de intercesión de María y tengo la absoluta convicción de que Él no puede
decirle NO».
Una religiosa me escribía en una
carta el año 1991: «Hace más de treinta años era yo muy joven y estuve muy
grave al operarme de apendicitis a las tres de la madrugada y el médico me
dijo que moriría esa noche. Yo me vi salir de mí misma y me presenté ante la
presencia de Dios, que me dijo: ¿QUÉ ME TRAES? Yo me quedé confusa y contesté:
LAS MANOS VACÍAS Entonces, sentí el desprecio de Dios. Esto fue horroroso,
sentirse despreciada por el Señor Esto, después de pasar tantos años, lo
siento como una vivencia y me horroriza pensar en que otra vez me encuentre
con las manos vacías. Por esto, mi única ilusión es sufrir y poder ofrecer con
amor todo lo que hago por la salvación de las almas. Quisiera dar a todos y
llenar así mis pobres manos. Ya tengo una mano totalmente paralizada y me
sube por el brazo, que lo tengo insensible, no lo siento y tomo morfina para
el dolor; porque el médico me lo ordena. Sin embargo, soy tan feliz... ¡Qué
bueno es Dios y cuánto me ama!».
¡Cuántos jóvenes hoy día son como
lo fue ella, que sólo piensan en fiestas, diversiones y comodidades, dinero,
y placeres... y se olvidan de Dios, perdiendo miserablemente el tiempo de su
vida! ¡Qué triste es tener que presentarse así ante la presencia de un Padre,
que tanto espera de nosotros y a quien le hemos defraudado con nuestras
acciones vacías! Ella tuvo una segunda oportunidad y la aprovechó y se hizo
religiosa. Tú todavía la tienes, mientras estés vivo. Aprovecha el resto de tu
vida, toma en serio tu vida y vive para la eternidad.
Puedes creer o no en la veracidad
de estas experiencias, ocurridas en el umbral de la muerte, pero de lo que no
puedes dudar es de que existe realmente un estado de cielo e infierno. Y de
que el infierno podría ser también para ti.
¿Cómo vas a
llevar tu vida de amor?
¿Cómo vas a
defenderte del poder del maligno?
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