![[Corona y cruz]](images/corona.gif)
RÉQUIEM
PARA UN SER QUERIDO
Silencio y paz.
Fue llevado al país de la vida. ¿Para que hacer
preguntas? Su morada, desde ahora, es el Descanso, y
su vestido, la Luz. Para siempre.
Silencio y paz. ¿Qué sabemos nosotros?
Dios mío, Señor de la Historia y dueño del ayer y
del mañana, en tus manos están las llaves de la vida
y la muerte. Sin preguntarnos, lo llevaste contigo a
la Morada Santa, y nosotros cerramos nuestros ojos,
bajamos la frente y simplemente te decimos: esta
bien. Sea.
Silencio y paz.
La música fue sumergida en las aguas profundas, y
todas las nostalgias gravitan sobre las llanuras
infinitas.
Se acabó el combate. Ya no habrá para él lágrimas,
ni llanto, ni sobresaltos. El sol brillará por
siempre sobre su frente, y una paz intangible
asegurará definitivamente sus fronteras.
Señor de la vida y dueño de nuestros destinos, en
tus manos depositamos silenciosamente este ser
entrañable que se nos fue.
Mientras aquí abajo entregamos a la tierra sus
despojos transitorios, duerma su alma inmortal para
siempre en la paz eterna, en tu seno insondable y
amoroso, oh Padre de misericordia.
Silencio y paz.
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NUESTROS
QUERIDOS SERES
Parecemos devolvértelos a Ti, oh Dios, de Quién los
recibimos. Pero así como Tú no los perdiste al
darlos a nosotros, tampoco los perdemos cuando
regresan a Ti.
Oh Amante de Almas, Tú no das como el mundo da. Lo
que das no quitas, pues lo que es Tuyo, también es
nuestro puesto que somos Tuyos, y Tú eres nuestro.
La vida es eterna, el amor es inmortal; la muerte no
es más que horizonte, y el horizonte no mas que
límite de nuestra visión.
¡Levántanos, oh Poderoso Hijo de Dios, para poder
ver más allá; enjuga nuestros ojos para mirar con
luz más clara; acércanos a Ti para sentirnos junto a
Ti y hallarnos cerca de nuestros queridos seres que
están contigo!
Y mientras preparas un lugar para nosotros,
prepáranos a nosotros también para esa tierra feliz,
por que donde estés, estemos nosotros también, por
siempre. Amén.
Padre Bede Jarret |
ORACIÓN
AL FALLECIMIENTO
DE UN SER QUERIDO
¡Oh Jesús, único consuelo en las horas eternas del
dolor, único consuelo sostén en el vacío inmenso que
la muerte causa entre los seres queridos! Tú, Señor,
a quién los cielos, la tierra y los hombres vieron
llorar en días tristísimos; Tú, Señor, que has
llorado a impulsos del más tierno de los cariños
sobre el sepulcro de un amigo predilecto; Tú, ¡oh
Jesús! que te compadeciste del luto de un hogar
deshecho y de corazones que en él gemían sin
consuelo; Tú, Padre amantísimo, compadécete también
de nuestras lágrimas. Míralas, Señor, cómo sangre
del alma dolorida, por la perdida de aquel que fue
deudo queridísimo, amigo fiel, cristiano fervoroso.
¡Míralas, Señor, como tributo sentido que te
ofrecemos por su alma, para que la purifiques en tu
sangre preciosísima y la lleves cuanto antes al
cielo, si aún no te goza en él! ¡Míralas, Señor,
para que nos des fortaleza, paciencia, conformidad
con tu divino querer en esta tremenda prueba que
tortura el alma! ¡Míralas, oh dulce, oh pidadosísimo
Jesús! y por ellas concédenos que los que aquí en la
tierra hemos vivido atados con los fortísimos lazos
de cariño, y ahora lloramos la ausencia momentánea
del ser querido, nos reunamos de nuevo junto a Ti en
el Cielo, para vivir eternamente unidos en tu
Corazón. Amén.
__________
ORACIÓN
POR NUESTROS
SERES QUERIDOS
Oh buen Jesús, que durante toda tu vida te
compadeciste de los dolores ajenos, mira con
misericordia las almas de nuestros seres queridos
que están en el Purgatorio. Oh Jesús, que amaste a
los tuyos con gran predilección, escucha la súplica
que te hacemos, y por tu misericordia concede a
aquellos que Tú te has llevado de nuestro hogar el
gozar del eterno descanso en el seno de tu infinito
amor. Amén.
Concédeles, Señor, el descanso eterno y que les
ilumine tu luz perpetua.
Que las almas de los fieles difuntos por la
misericordia de Dios descansen en paz. Amén.
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ORACIÓN
DE RECOMENDACIÓN
DEL ALMA A CRISTO
Señor, te encomendamos el alma de tu siervo(a) ...
(mencione su nombre) y te suplicamos, Cristo Jesús,
Salvador del mundo, que no le niegues la entrada en
el regazo de tus patriarcas, ya que por ella bajaste
misericordiosamente del cielo a la tierra.
Reconócela, Señor, como criatura tuya; no creada por
dioses extraños, sino por ti, único Dios vivo y
verdadero, porque no hay otro Dios fuera de Ti ni
nadie que produzca tus obras.
Llena, Señor, de alegría su alma en tu presencia y
no te acuerdes de sus pecados pasados ni de los
excesos a que la llevó el ímpetu o ardor de la
concupiscencia.
Porque, aunque haya pecado, jamás negó al Padre, ni
al Hijo, ni al Espíritu Santo; antes bien, creyó,
fue celoso de la honra de Dios y adoró fielmente al
Dios que lo hizo todo. |